miércoles, 24 de abril de 2013

domingo, 21 de abril de 2013

Os pongo aquí una sirenas que me encontré en Mazarrón, en el encuentro con la gente del Siglo XXI (un colegio que ya lo quisiera yo a la puerta de mi casa)... Hasta un capitán vino a escuchar cuentos marinos...

lunes, 15 de abril de 2013

Yo y mis libros en el Puerto de Mazarrón


Estaré allí el jueves 18 de abril para un encuentro con gente que lee.
Están preparando el cole como si fuera un barco, todo pintado de azul, para recibirme.
Hasta han puesto un barco en la entrada con los dibujos de un pintor que se llama Emilio Vieites, que pinta con los colores del mar y con arena.
Las redes se las han prestado los pescadores y todavía huelen a pez.
Se me ha despertado el hambre de mar...



Esta de aquí abajo es una maestra con mi libro en las manos...








martes, 2 de abril de 2013

Otro maestro y escritor de literatura infantil torturado y ahorcado, a quien un día como hoy hay que recordar


Esta es la carta de Farzad Kamangar, un maestro kurdo de 35 años, conocido por su trabajo pedagógico y considerado una destacada promesa de la literatura infantil, torturado, condenado a muerte en la horca y ejecutado en 2008 por su supuesta colaboración con grupos armados en el Kurdistán iraní. 



















Zeus, el Dios de los Dioses, ordenó detener al desobediente Prometeo. Así empezó tu historia y también la mía. Tú representas la herencia de los carceleros de Zeus, y, por lo tanto, eres prisionero, día tras día, de los hijos del Sol y de la Luz. Para ti y para mí, la cárcel tiene un significado distinto: somos dos individuos; cada uno a un lado de la pared, con una puerta de hierro y un ventanuco en medio; tú fuera de la celda, yo dentro.
Ahora conozcámonos mejor. Yo soy maestro... No, no... yo soy alumno de Samad Behrangui, aquel que escribió Olduz y los cuervos, y El Pececito Negro, para que todos aprendiéramos a caminar. ¿Le conoces? Ya sé que no le conoces. También soy alumno de Khanali, aquel que nos enseñó a dibujar un sol en la pizarra para que sus rayos espantaran a los murciélagos. ¿Sabes quién era? Y soy compañero de Bahman Azizi, aquel hombre que siempre olía a lluvia, aquel hombre que la gente de Kermanshah y sus alrededores sigue recordando cuando comienza a llover en otoño. ¿Tienes alguna idea de quién era? Ya me imagino que no lo sabes. Sí, soy maestro y he heredado de mis alumnos la sonrisa y la curiosidad por preguntar. Ahora que ya me has conocido, háblame de ti, de quiénes eran tus compañeros, de quién has heredado la ira y el odio que llevas dentro. ¿Quién te ha dado las esposas y las cadenas? ¿Son de los calabozos del monstruo Zohak? Háblame de ti. ¿Quién eres? No sólo no me asustas con tus esposas, cadenas y latigazos, sino que las gruesas paredes de la celda 209, los ojos electrónicos que me vigilan, las férreas puertas… ya no me dan miedo. No te enfades, no grites, no me golpees con el puño en el corazón, porque mantengo la cabeza alta.
 
No me pegues porque canto; soy kurdo y mis antepasados me han dejado en los cantos e himnos el recuerdo de su amor, su sufrimiento, su lucha, su existencia… Tengo que cantar y tú tienes que escuchar mi canto, aunque sé que te molesta. No me pegues porque al andar se escuchan mis pasos; mi madre me ha enseñado a que los pasos hablen con la tierra; entre la tierra y yo hay un trato, una conexión que lleno de belleza y sonrisas. Déjame, pues, que pasee, déjame que oiga mis pasos, déjame que la tierra sepa que todavía estoy vivo y tengo esperanza.
No me prives de papel y pluma; quiero escribir nanas a los niños de mi tierra, repleto de esperanza, de los cuentos de Samad [Behrangui] y su vida, de Khanali y sus deseos, de Ezati y sus alumnos… Quiero escribir, quiero hablar con mi gente desde mi celda, desde aquí mismo. ¿Entiendes lo que digo? Sé que te han enseñado a odiar la luz, la belleza y el pensamiento. Pero no tengas miedo; entra en mi celda, estás invitado a mi gastado y pequeño mantel. Mira cómo yo invito a mis alumnos, todas las noches, cómo les cuento cuentos…, pero a ti no te permiten ver, no te permiten escuchar. Tienes que enamorarte, tienes que convertirte en un ser humano, tienes que estar a este lado de la pared para entender lo que yo digo.
Mírame y entenderás la diferencia que hay entre los dos. Yo todos los días dibujo las manos de mi amada sobre la pared de la celda. Cojo sus manos y siento el calor de la vida, y leo en sus ojos el entusiasmo, la espera; pero tú, todos los días, con tu porra, rompes esos dedos dibujados en la pared, sacas esos ojos que esperan y emborronas la pared de negro. Tu mundo y tu cárcel siempre estarán oscuros, siempre te molestará el don de la luz. Hace meses que espero ver un cielo estrellado, un jardín de estrellas que rompa la oscuridad con senderos que van de un lado al otro del cielo. Pero tú llevas años viviendo en la oscuridad, tu noche no tiene estrellas. ¿Sabes qué significa un cielo sin estrellas? ¿Qué significa un cielo siempre en la oscuridad?
Esta vez, cuando haya vuelto a la 209, entra en mi celda, tengo algunos deseos para ti, no del mismo color de tus oraciones que siempre están llenas de fuego y miedo al infierno. Mis deseos están repletos de esperanza, sonrisas y amor. Entra en mi celda para que te hable del orgullo de mi última sonrisa al pie de la horca. Sé que de nuevo seré el preso de la 209, mientras tú, con tu alma llena de odio, me seguirás gritando. Y yo volveré a sentir lástima por ti y por el pobre mundo que han creado a tu alrededor; seguiré siendo un maestro con la sonrisa de mis niños en los labios.


Farzad Kamangar
Sección de Presos Infecciosos de la cárcel de Rajaai Shahr de Karach

Hoy es el día de la literatura infantil y juvenil

Poca gente conoce la existencia de Samad Behrangui. Fue un maestro, folclorista y escritor iraní asesinado por la policía secreta del Sha. Y todo por escribir un cuento para niños titulado Pequeño pez negro... A él quiero rescatar en este día de la Literatura infantil y juvenil... 

Os copio aquí sus palabras:

"La muerte puede abalan­zarse, ahora, sobre mí, ines­peradamente, pero, mientras pueda, no me enfrentaré a ella. Si un día aparece en mi camino, lo que acae­cerá, tarde o temprano, sin duda alguna, no me importara. Solamente tiene verda­dera im­portancia el valor que haya tenido mi vida o mi muerte para los demás..."